“El desierto rojo” de Antonioni por Felix Gerenabarrena

La obra cinematográfica de Michelangelo Antonioni puede clasificarse en varios períodos. El más conocido de ellos es el de la llamada trilogía de la incomunicación, compuesta por las películas La aventura, La noche y El eclipse. Es el período que contribuyó en mayor medida al prestigio internacional del Director. El tema común a las tres películas es la imposibilidad del amor y la definición de las relaciones hombre-mujer en términos de disyunción.

 

Con posterioridad a estas tres películas, Antonioni rodó El desierto rojo, Blow-up y Zabriskie point. Al realizarlas, Antonioni se encontró frente a frente con un mundo cambiante. Hay que recordar que el hecho histórico fundamental para los directores italianos de los años 50 y 60 fue la posguerra mundial. De este modo, Roberto Rossellini se encargó de mostrar la Italia de la resistencia al totalitarismo en Roma ciudad abierta, la devastación económica y moral de la posguerra en Alemania año cero y la incipiente recuperación de la burguesía italiana con sus contradicciones morales en Europa 51. Antonioni por su parte, tuvo la oportunidad de llevar al celuloide la condición del hombre en el entorno industrial que hacía posible la recuperación económica de Italia. El desierto rojo, como posteriormente La ansiedad de Veronica Voss y Lola de Fassbinder pretenden captar el lado aparentemente poco estético de la imparable sociedad industrial.  Para una mejor comprensión de la película, hay que señalar los rasgos que individualizan a El desierto rojo.

 

La escena inicial de la película nos sitúa en un paisaje que rebasa los límites de la clasificación clásica entre lo rural y lo urbano. Se trata de un complejo situado extramuros de lo que se entiende por actividad humana, en el que lo residual remite a lo más elemental (el humo, el fuego) al tiempo que se transmite un ambiente general más próximo a la ciencia ficción que al documental descriptivo. El desierto rojo se distingue asimismo de las películas de lucha social, como por ejemplo, La clase obrera va al paraíso de Elio Petri. Ocurre así porque Antonioni se encarga de dejarnos claro desde el principio que “esto es una empresa estatal, aquí no hay despidos”. Se trata de un universo maquínico, poblado por ingenieros-hombres y donde el elemento discordante lo constituye la mujer, protagonizada por Monica Vitti. Si Freud elaboró su teoría psicoanalítica tomando a la mujer como síntoma (en particular, a la histérica) Antonioni introduce con el personaje de la esposa del ingeniero lo que Lacan llamaría la falta-en-ser, es decir, la ruptura en un conglomerado ontológico en el que predominan el cálculo, la precisión y la adecuación. Con ello Antonioni plasma en imágenes la idea, propuesta por Felix Guattari del carácter inherentemente delirante del capitalismo avanzado. En un escenario social en el que la fábrica cumple su función, se trata de un proyecto estratégico para el país y no hay despidos, el shock neurológico de Monica Vitti irrumpe como algo inesperado y ciertamente inquietante.

Corrado Zeller, el personaje interpretado por Richard Harris comparece en la película como una especie de “enviado”, un sujeto desterritorializado (“no estoy ni aquí ni allí” según señala él mismo) y que de forma inmediata es capaz de identificar en el personaje de Monica Vitti un rasgo diferencial e interesante. El desierto rojo aparece así a la manera de un Blade Runner a la inversa, un universo perfectamente maquínico en el que se trata de detectar el elemento humano restante. Porque Antonioni muestra mediante imágenes que más allá de las superestructuras, del capital y sus espejismos, late sin descanso la excepción humana. El filósofo Karl Jaspers señalaba en su libro Filosofía de la existencia, que “ser excepción es la ruptura fáctica de algo universal a través de todos sus modos”. El desierto rojo representa el cumplimiento de la búsqueda de lo humano entre los escombros de la indiferencia.

Felix Gerenabarrena

https://twitter.com/felixgerena?lang=es

http://www.elcorreo.com/autor/felix-gerenabarrena-1985.html

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